Una historia precoz por una paloma distraída

Ese día la pequeña paloma tenía frio, como es usual en Bogotá. Caminaba sin darle importancia a la gente, ya que nadie les da importancia a las palomas. También miraba de reojo (aunque las palomas en realidad siempre miran hacia los lados) a una señorita en vestido que caminaba hacia una cueva enorme, bueno en realidad aquel lugar donde vivía la paloma tenia por todos lados cuevas enormes, sin embargo a la pequeña paloma no le importaba distinguirlas ya que en un mundo donde nadie te da importancia pocas veces le das importancia a como se ve el mundo. A pesar de eso, la paloma centro uno de sus ojos picaros en la humana de la cueva. Ella se veía especialmente seria como casi todas las humanas que la rodeaban usualmente pero le sorprendió el brillo de sus ojos, que como por arte de magia cambiaba en tonos claros dependiendo del ángulo. Para la paloma esto era poco usual, “Que bichos tan raros son esos humanos, con sus ojos enormes al lado de la nariz y mirando hacia la misma dirección, nada estético en verdad. Pero hoy se pasaron de raros, esa muchacha tiene ojos claros como se la luz se escondiera en ellos”.

La paloma se quedó hipnotizada y asustada de tan extraña aparición, como era posible que en aquel rincón del mundo (En realidad cualquier lugar del mundo puede ser un rincón si eres una paloma) se le cruzara alguien que le inquietase tanto. Ya era bastante dedicarle uno de sus ojos a tan curioso espécimen. Al cabo de un rato la humana salió caminando con un muchacho que recién había entrado a la cueva (cuevas a las que las palomas nunca entran, porque los humanos en su prepotencia creen que todo es de ellos y que pueden agredir a cualquier ser vivo). El muchacho no era algo especial, en realidad era un tipo muy común. Tan común que la paloma no desgasto su otro ojo con él, aunque él sonreía todo el tiempo.

La pareja de humanos camino por la acera sin decir mucho, sin decir nada. La paloma haciendo gala de sus habilidades, voló cuidadosamente para observar a la muchacha. Ella estaba atada a su mirada, quería ver si la humana solo tenía los ojos distintos a las demás humanas o si había algo más allá de la mirada, tal vez en ese lugar al que llaman alma (Las palomas no creen en esas cosas extrañas que inventan los humanos para lo que no entienden, sin embargo esta era muy curiosa). Los siguió hasta una pequeña cueva iluminada tenuemente, sin embargo no entro. Los miro desde la otra acera, por supuesto usando un solo ojo (las palomas no pueden centrar sus dos ojos en un mismo objeto al mismo tiempo). Al principio no se dijeron mucho, pero ese par de extraños parecía disfrutar de alguna cosa café, la paloma se sorprendió porque a ella ese alimento le parecía igual que el excremento de ciertos animales (Una paloma es muy quisquillosa ante eso, ya que comen casi de todo), le sorprendió luego que la humana tomase de alguna forma lluvia roja en el aire y la bebiera (Para las palomas el agua es igual a la lluvia, ya que ellas no conocen el concepto de algo líquido). Era como un truco de magia, ya que ella levantaba la mano y mágicamente la lluvia se movía hacia su boca. Aunque la paloma ya estaba bastante anonadada ante tal espectáculo inusual, lo que siguió la termino dejando perpleja. En algún momento que es difícil determinar la humana comenzó a sonreír, de una forma que usualmente no sonríen las humanas. Era tal el destello de esos ojos y de la sonrisa que estuvo a punto de ser golpeada por un transeúnte, sin embargo se percató a tiempo y se quitó (recuerden que la paloma tenía un ojo libre para estar pendiente de otras cosas). El tiempo paso, y la paloma sintió algo de frio, comenzó a caminar y perdió de vista a la humana que tenía luz en los ojos, estas cosas les suelen pasar a las palomas ya que son muy distraídas. 

De repente emprendió el vuelo en círculos para estar pendiente de todo lo que la rodeaba y aterrizo en un andén nada especial, a una hora nada especial, en un día nada especial. Recordando los ojos de la chica se esforzó en concentrar la mirada en un solo punto (cosa casi imposible para las palomas) ya que creía sorprendente la forma en que la humana hipnotizaba al humano en la conversación, sin embargo no logro nada (como era de esperarse). En medio de la frustración levanto la mirada al cielo (cosa que las palomas no suelen hacer porqué se cree que el cielo es infinito, y les provoca gran temor) y se quedó perpleja al ver que los humanos de hace un rato caminaban a su lado, cada uno a cada lado para ser exactos, y allí, en ese inmortal segundo la paloma unió en una mirada a dos personas que simplemente caminaban en la misma dirección, pero no hacia el mismo lugar. Es curioso lo que una paloma puede ver, incluso cuando no se propone ver nada.


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